Retrato de un solo ojo

Fotografías de tamaños variables, impresas en papel algodón de 310 gr. 
Imágenes procedentes de perfiles de usuarios encontrados en varias páginas de contactos en internet. 

Un retrato de un ojo solo estuvo a punto de causar una crisis en la corona británica en tiempos de Jorge III. Mientras el rey perdía la Guerra de la Independencia en Estados Unidos, su hijo, el futuro Jorge IV, ponía en peligro la sucesión casándose clandestinamente con María Fitzherbert  a pesar de la imposibilidad de su matrimonio por ser católica. Para demostrarle su amor sin provocar sospechas le hizo llegar un paquete que contenía el retrato de uno de sus ojos pintado por el miniaturista Richard Cosway con una nota que decía: te mando un paquete y envío al mismo tiempo un ojo, si no has olvidado el resto por completo, creo que la imagen te impresionará. Ella le correspondería más tarde con otro retrato equivalente encargado al mismo pintor. 

Los “retratos de un ojo solo” se pusieron de moda entre la sociedad inglesa, francesa y norteamericana. Se convirtieron en objetos deseados y lujosos pintados en soportes de marfil con acuarela o sobre cartón pero engarzados en oro, plata y piedras preciosas. Durante unos treinta años se convirtieron en el símbolo del amor prohibido. 

Dos siglos después no han cambiado mucho las cosas en cuanto al papel social del amante. Los retratos ambiguos del pasado se han convertido hoy en perfiles ocultos en webs de contactos que proliferan por la red, la mayoría con identidades falsas, y que cualquier hacker puede destapar provocando el caos. 

Exhibición

CMAE Avilés. 
15 julio – 19 agosto 2016. 
Exhibida como parte de Entropía.

© 2022 Eugenia Tejón